Todo comenzó en 1986, cuando Emilio Barba, entonces estudiante de la Universitat de València, empezó a medir los huevos de carbonero común en un naranjal de Sagunto. Cuatro décadas después, aquellas observaciones se han convertido en una fuente excepcional de información para comprender cómo responde esta especie al calentamiento global. Los resultados revelan que el aumento de las temperaturas no afecta por igual a todas las etapas de su vida: los ejemplares adultos pierden peso, sus alas se acortan y sus patas se alargan, mientras que los polluelos mantienen su peso y los huevos muestran una reducción progresiva de tamaño.
La investigación, publicada en la revista científica Journal of Animal Ecology, ha sido desarrollada por personal del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (ICBiBE), ubicado en el área científico académica del Parc Científic de la Universitat de València (PCUV). El trabajo está firmado por Riccardo Ton, investigador Marie Skłodowska-Curie y primer autor del artículo; Emilio Barba, catedrático de Ecología de la Universitat de València; y las investigadoras Elena Álvarez e Irene Costa.
El estudio ha analizado datos recogidos entre 1992 y 2024, un periodo durante el cual la temperatura media anual de la zona aumentó 1,7 °C. La serie incluye mediciones de 11.862 huevos, 8.210 polluelos y 5.697 registros correspondientes a 3.167 aves adultas, lo que permite comparar las respuestas de una misma población a lo largo de diferentes etapas de desarrollo.
El estudio demuestra que los carboneros comunes adultos pesan un 0,84 % menos por cada grado de aumento de temperatura, presentan alas más cortas y patas más largas, mientras que los polluelos mantienen su peso
«Cuando empecé solo quería saber cómo eran los huevos de carbonero en un naranjal. Nunca imaginé que acabarían contándonos algo sobre el cambio climático», recuerda Emilio Barba. Desde 1986, el investigador ha regresado cada primavera a las cajas nido instaladas en los naranjos de Sagunto para medir los huevos con el mismo calibre. A partir de 1992, el seguimiento se amplió con el anillamiento sistemático y las mediciones de polluelos y aves adultas, una tarea en la que han participado Elena Álvarez y personal investigador en formación.
La continuidad de estas observaciones ha permitido reunir una serie de datos especialmente valiosa para estudiar las consecuencias del calentamiento global. Frente a investigaciones centradas únicamente en individuos adultos, este trabajo compara lo que sucede durante tres fases diferentes del ciclo vital de las aves. «Sabíamos que el calentamiento global está haciendo más pequeños a muchos animales y cambiando su forma, pero casi todo lo que conocemos procede de aves adultas», explica Barba.
El investigador señala que la temperatura afecta de manera diferente a los organismos según su desarrollo. Mientras que los huevos dependen del calor proporcionado por las aves progenitoras, los polluelos necesitan adquirir progresivamente la capacidad de regular su propia temperatura corporal. Esta diferencia fisiológica ayuda a comprender por qué una misma especie puede presentar respuestas distintas ante el calentamiento.
La investigación reúne datos de 11.862 huevos, 8.210 polluelos y 3.167 aves adultas, recogidos durante un periodo en el que la temperatura media anual aumentó 1,7 °C
Los resultados muestran que las aves adultas son especialmente sensibles a los cambios de temperatura. Su peso corporal disminuye un 0,84 % por cada grado de aumento térmico y, al mismo tiempo, se observan alas más cortas y patas más largas. Sin embargo, este patrón no se reproduce de forma idéntica durante las primeras etapas de vida. Los polluelos mantienen su peso, mientras que los huevos presentan una tendencia a reducir su tamaño a lo largo de las décadas estudiadas.
El equipo también ha observado que las hembras ponen más huevos con el aumento de las temperaturas, lo que añade otra dimensión a los cambios asociados al calentamiento. Estas diferencias indican que la respuesta de las aves al cambio climático es más compleja de lo que sugiere la idea de que los animales simplemente se hacen más pequeños cuando aumenta la temperatura.
El estudio distingue, además, entre los efectos de una primavera especialmente cálida y las tendencias que se manifiestan a lo largo de varias décadas. Una respuesta observada durante un año concreto no tiene por qué coincidir con la evolución a largo plazo de una población. «El calentamiento no encoge a las aves de manera uniforme, sino que produce un mosaico de cambios que solo se ve siguiendo a una población durante décadas y a lo largo de toda su vida», concluye Riccardo Ton.
Cuatro décadas de seguimiento en los naranjales de Sagunto permiten demostrar que el calentamiento global no afecta de manera uniforme a las diferentes etapas de la vida de las aves
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es la duración y continuidad del seguimiento. Los registros acumulados permiten estudiar cambios que pasarían desapercibidos en investigaciones de pocos años y comparar cómo afectan las condiciones ambientales a distintas generaciones de aves. «Datos como estos no se pueden comprar. Existen solo porque alguien volvió al campo cada primavera durante cuarenta años, sin grandes fuentes de financiación, mucho antes de que se hablara en España de una relación entre el cambio climático y el tamaño corporal en las aves», destaca Ton.
La investigación aporta así nuevas evidencias sobre la complejidad de las respuestas biológicas al calentamiento global. Sus resultados indican que, para evaluar sus efectos sobre la fauna, es necesario considerar no solo las variaciones de tamaño corporal, sino también la etapa de desarrollo y la escala temporal en la que se producen.
El estudio del ICBiBE muestra cómo una investigación iniciada para conocer las características reproductivas de una población local puede acabar proporcionando información relevante para comprender procesos ambientales de alcance global. Cuatro décadas después de las primeras mediciones en los naranjales de Sagunto, los carboneros comunes continúan ofreciendo nuevas pistas sobre los cambios que experimenta la biodiversidad en un planeta cada vez más cálido.
Pie de foto: Carbonero común en un naranjal de Sagunto, donde el equipo investigador de la Universitat de València realiza el seguimiento de la especie desde 1986.
Fuente: Web UV Noticias